{"id":412,"date":"2021-09-08T15:26:20","date_gmt":"2021-09-08T19:26:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/?p=412"},"modified":"2021-10-05T14:33:48","modified_gmt":"2021-10-05T18:33:48","slug":"modesta-carolina-wiff-sepulveda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/modesta-carolina-wiff-sepulveda\/","title":{"rendered":"Modesta Carolina Wiff Sep\u00falveda"},"content":{"rendered":"\r\n<h1><strong>El orgullo militante de una asistente social<\/strong><\/h1>\r\n\r\n\r\n\r\n<figure id=\"attachment_648\" aria-describedby=\"caption-attachment-648\" style=\"width: 261px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-648\" src=\"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1-215x300.jpg\" alt=\"\" width=\"261\" height=\"363\" srcset=\"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1-215x300.jpg 215w, https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1-734x1024.jpg 734w, https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1-768x1072.jpg 768w, https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1-1101x1536.jpg 1101w, https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/carola-wiff-1.jpg 1270w\" sizes=\"(max-width: 261px) 100vw, 261px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-648\" class=\"wp-caption-text\">Carolina Wiff Sep\u00falveda.<\/figcaption><\/figure>\r\n<p>Naci\u00f3 en San Javier de Loncomilla y era la segunda de cinco hermanas. Modesta Carolina Wiff Sep\u00falveda en 1945 inici\u00f3 sus estudios en la Escuela Espa\u00f1a de la cercana localidad de Villa Alegre. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, por la repentina muerte de su madre, se traslad\u00f3 a la casa de sus abuelos maternos en San Javier y sigui\u00f3 all\u00ed sus estudios en la Escuela Superior de esa localidad. Los estudios secundarios los curs\u00f3 en el Liceo de Talca, y luego de egresar, se matricul\u00f3 en la carrera de Servicio Social de la Universidad de Concepci\u00f3n, la que abandon\u00f3 en 1964 debido a que deb\u00eda dedicarse a trabajar para contribuir al sustento familiar.\u00a0<br \/><br \/>Un a\u00f1o antes se cas\u00f3 con Tulio del Campo Castillo. Del matrimonio nacer\u00e1 su \u00fanica hija, Paula Carolina.<br \/><br \/>Sus hermanas la recuerdan como una mujer que, desde ni\u00f1a, tuvo un car\u00e1cter alegre y bondadoso, pero tambi\u00e9n algo desconfiado. Con los a\u00f1os, los temores desaparecieron y naci\u00f3 una capacidad para transformar cada hecho negativo en algo positivo y de valor para ella y su entorno. &#8216;Rebelde y tozuda&#8217;, seg\u00fan su propia definici\u00f3n, no aceptaba la derrota ni las injusticias sociales, lo que gatill\u00f3 desde muy joven una profunda sensibilidad social, que definir\u00e1 su propia vocaci\u00f3n profesional.<br \/><br \/>Le gustaba el canto y a pesar de no tener ni voz ni o\u00eddo para ello, sol\u00eda cantar en veladas familiares o con amigos, interpretando las canciones de moda. Gustaba del baile y se destacaba en la cueca, los corridos y pasodobles, que ejecutaba con gracia y picard\u00eda femeninas.<br \/><br \/>Instalada en Santiago, se reincorpor\u00f3 a Servicio Social, ahora en la Universidad de Chile, en la que lleg\u00f3 a ocupar la presidencia del Centro de Alumnos, como abanderada de una lista presentada por la Democracia Cristiana Universitaria, y en la que enfrent\u00f3 a Luisa Dur\u00e1n, candidata de la izquierda y actual esposa del expresidente Ricardo Lagos.\u00a0<br \/><br \/>Pese a su temprana proximidad con la DC, su vida pronto tomar\u00eda nuevos rumbos, de la mano de una especial pr\u00e1ctica profesional.<br \/><br \/>El Centro de Demostraci\u00f3n en Medicina Social, era una experiencia piloto que la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile implement\u00f3 desde 1958 en un sector de la antigua comuna de Quinta Normal, en el marco de su C\u00e1tedra de Higiene y Medicina Preventiva, destinada a complementar la formaci\u00f3n de sus alumnos de sexto a\u00f1o.<br \/><br \/>Bajo la direcci\u00f3n del doctor Benjam\u00edn Viel Vicu\u00f1a, recordado maestro y formador de sucesivas generaciones de m\u00e9dicos chilenos, se ech\u00f3 a andar esta iniciativa con un grupo de profesionales que compart\u00edan una visi\u00f3n progresista respecto de lo que deb\u00edan ser los principios orientadores de la salud p\u00fablica. Entre otros, all\u00ed estuvieron Mariano Requena, Manuel Ipinza, Luis Weinstein y Oscar Soto, que llegar\u00eda a ser el m\u00e9dico personal del futuro Presidente Allende.<br \/><br \/>La iniciativa buscaba la generaci\u00f3n de un espacio que permitiera trasladar a la pr\u00e1ctica los planteamientos que se discut\u00edan en las aulas y los claustros. La idea de sus promotores era que la salud p\u00fablica deb\u00eda ser esencialmente preventiva e integral. La visi\u00f3n supon\u00eda la consideraci\u00f3n del conjunto de los factores sociales y comunitarios que pudieran estar incidiendo en la salud de la poblaci\u00f3n, por lo que al poco tiempo de ser puesto en marcha el proyecto, el doctor Viel consider\u00f3 necesaria la incorporaci\u00f3n de profesionales de otras disciplinas: abogados, educadoras de p\u00e1rvulos y, de manera especial, asistentes sociales.<br \/><br \/>Luc\u00eda Sep\u00falveda Cornejo, hoy presidenta del Colegio de Asistentes Sociales, era entonces la profesional a cargo de la implementaci\u00f3n del trabajo comunitario en aquella experiencia piloto. Para optimizar la atenci\u00f3n, se acot\u00f3 la intervenci\u00f3n a un territorio cuyos l\u00edmites eran las calles Nueva Imperial, por el sur; Santo Domingo, por el norte y Ap\u00f3stol Santiago, por el oriente. Al poniente, los campos y chacras de Barrancas defin\u00edan el l\u00edmite natural de la intervenci\u00f3n.<br \/><br \/>El cuadrante fue subdividido en tres sectores, en los que comenz\u00f3 a ser fundamental el trabajo y el aporte espec\u00edfico de las asistentes sociales, para la identificaci\u00f3n de factores incidentes en la salud de los vecinos y en las tareas de promoci\u00f3n de la organizaci\u00f3n comunitaria. Pronto, al alero del centro y de la mano de las asistentes sociales en pr\u00e1ctica, se hab\u00edan formado centros de madres, grupos juveniles y de hombres con problemas de alcoholismo.<br \/><br \/>En esas circunstancias, Luc\u00eda recibi\u00f3 un llamado de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Chile, en el que le ped\u00edan recibir en pr\u00e1ctica a una alumna que, pese a sus buenas notas, supon\u00eda un cierto problema para la convivencia interna y la \u00abimagen\u00bb de esa instituci\u00f3n: la alumna en cuesti\u00f3n se encontraba embarazada, un hecho que no dejaba de ser bochornoso en una carrera que a\u00fan era vista como exclusiva para &#8216;se\u00f1oritas&#8217;.<br \/><br \/>As\u00ed, hacia 1964 Carolina se integr\u00f3 a una experiencia que ser\u00eda determinante en su historia personal y profesional, y que al mismo tiempo, marcar\u00eda el inicio de la definitiva transformaci\u00f3n de sus convicciones pol\u00edticas. La mayor\u00eda de los profesionales y alumnos en pr\u00e1ctica eran personas de posiciones progresistas, algunos militaban en partidos de izquierda, pero lo que realmente la impresion\u00f3 fue la consecuencia entre el discurso que enarbolaban y la pr\u00e1ctica concreta de sus ideas: se trataba de un grupo genuinamente motivado por el cambio social, que no ten\u00eda problemas en trabajar incluso los fines de semana y que demostraba un respeto y un compromiso profundo con los vecinos del sector.<br \/><br \/>El proyecto se fue consolidando y pronto el alcalde de Quinta Normal facilit\u00f3 un terreno en el cual se habilitaron una sala cuna y un jard\u00edn infantil. Carolina trabajaba con entusiasmo, al tiempo que entablaba una profunda amistad con la joven doctora Gilda Gnecco, \u00abla gringa\u00bb, que pronto se transformar\u00e1 en la directora del centro, y con algunos de los futuros m\u00e9dicos que pasaron por \u00e9l. Ricardo Pincheira y Eduardo Paredes estuvieron entre ellos.<br \/><br \/>Gilda Gnecco recuerda n\u00edtidamente el car\u00e1cter de Carolina durante su paso por aquella peculiar pr\u00e1ctica profesional:<br \/><br \/>\u00abCarola no fue una alumna m\u00e1s, fue especial desde el inicio; por su compromiso con las tareas indicadas, por su relaci\u00f3n franca y clara con nosotros y con las familias de la comunidad, por su forma de plantarse ante el equipo cuando hac\u00edamos \u00abestudios de familia\u00bb. Aparec\u00eda la futura profesional, armando su bagaje de contenidos te\u00f3ricos y propuestas metodol\u00f3gicas. Pero le faltaba algo, algo que iba surgiendo del mundo de sus convicciones y valores personales: el componente pol\u00edtico. Sin duda, su formaci\u00f3n all\u00ed se estaba estructurando. De eso empezamos a hablar, sin casi darnos cuenta. De c\u00f3mo ve\u00edamos y sent\u00edamos lo que cada d\u00eda llegaba a nuestro mundo docente y laboral. Empezamos hablando de casos concretos, de familias humildes y ni\u00f1os desnutridos, de maridos cesantes y conflictos familiares y del desaf\u00edo para nuestras propias vidas como profesionales.\u00a0<br \/><br \/>Nos molestaba la injusticia, la discriminaci\u00f3n, las pocas oportunidades de la gente modesta; el arribismo de la clase media y la prepotencia de los ricos. Nos preguntamos, tantas veces, si bastaba el trabajo t\u00e9cnico, por bien hecho que estuviera. Ella lo tuvo m\u00e1s claro que yo, eso es evidente y se sumergi\u00f3 en la b\u00fasqueda de una opci\u00f3n pol\u00edtica que le diera sentido a su b\u00fasqueda. Cu\u00e1ndo y c\u00f3mo ocurri\u00f3, no lo s\u00e9, s\u00f3lo s\u00e9 que ocurri\u00f3 y con el pasar del tiempo, ella ya egresada y trabajando, las conversas se fueron alargando y alargando\u00bb.<br \/><br \/>Despu\u00e9s de cumplir con su per\u00edodo de pr\u00e1ctica profesional, Carolina se mantuvo en el centro (que a esa altura se hab\u00eda transformado en el Consultorio Ismael Vald\u00e9s Vergara) hasta 1967, fecha en la que se incorpor\u00f3 a trabajar en el Departamento de Bienestar del Ministerio de Obras P\u00fablicas.<br \/><br \/>Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el viraje pol\u00edtico de Carolina que ya intu\u00eda Gilda se har\u00eda expl\u00edcito de una manera muy particular. En la Escuela de Trabajo Social, por primera vez en su historia, se realizar\u00edan elecciones para definir la jefatura de ese plantel. Las candidaturas que se confrontaban eran la de Pilar Alvari\u00f1o, una destacada y antigua acad\u00e9mica, y la de Luc\u00eda Sep\u00falveda, que regres\u00f3 a dar clases a Servicio Social luego de terminar su relaci\u00f3n contractual con la Escuela de Medicina. En el ambiente propio de la reforma universitaria, los estudiantes identificaron la postulaci\u00f3n de Alvari\u00f1o como una expresi\u00f3n m\u00e1s del conservadurismo pol\u00edtico y acad\u00e9mico, optando por Sep\u00falveda, que propiciaba innovadoras acciones de intervenci\u00f3n y trabajo social \u00aben terreno\u00bb.<br \/><br \/>Entre los sectores que respaldaban la candidatura oficial se encontraban los profesores de la Democracia Cristiana. El d\u00eda de las elecciones, buscando votantes por todos lados, el jefe de ellos, Rub\u00e9n Michea, envi\u00f3 un taxi al Ministerio de Obras P\u00fablicas, para que trajera a Carolina, que pod\u00eda votar en su condici\u00f3n de reci\u00e9n egresada. Luc\u00eda Sep\u00falveda se encontraba en su oficina cuando algunas alumnas le comentaron indignadas que Carolina hab\u00eda llegado \u00abacarreada por la DC\u00bb. Luc\u00eda contuvo su dolor, se sent\u00eda cercana a ella y por eso prefiri\u00f3 no hablarle cuando las mismas alumnas le dijeron que Carolina la estaba esperando para conversar. Al bajar, se la top\u00f3, afirmada en la puerta de la Escuela.\u00a0<\/p>\r\n<blockquote>\r\n<p><br \/>\u2013Oiga, hace rato que la estoy esperando \u2013fue lo primero que dijo.\u00a0<br \/>\u2013\u00bfPara qu\u00e9? \u2013pregunt\u00f3 Luc\u00eda, cuando la respuesta de Carolina la desconcert\u00f3.<br \/>\u2013Pues, para que me mande a dejar \u2013ofendida, Luc\u00eda le dijo que le pidiera eso a Michea, y Carolina sonr\u00edo.\u00a0<br \/>\u2013No creo que esa sea posible. De hecho, me acaba de preguntar por qui\u00e9n vot\u00e9, y yo le dije que por usted.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n<p><br \/>No hab\u00eda nada m\u00e1s que hablar: alumna y maestra se fundieron en un abrazo y se quedaron hasta tarde conversando de lo humano y de lo divino al calor de un caf\u00e9 que dur\u00f3 horas.<br \/><br \/>Durante el Gobierno de la Unidad Popular, Carolina se desempe\u00f1\u00f3 como asistente social en la Junta Nacional de Jardines Infantiles, JUNJI, a cargo del Programa para Poblaciones Marginales de la instituci\u00f3n, en el sector de Barrancas. Tambi\u00e9n fue jefa del Programa de Capacitaci\u00f3n para Mujeres Proletarias, actividades en las que se mantuvo hasta el 11 de septiembre de 1973.\u00a0<br \/><br \/>A esas alturas, ya se hab\u00eda incorporado plenamente a las filas del PS, en un delicado y reservado \u00e1mbito del trabajo del Frente Interno: A trav\u00e9s de los antiguos alumnos de medicina que conoci\u00f3 durante su pr\u00e1ctica profesional, la joven asistente social se vincul\u00f3 al P5, el Dispositivo de Inteligencia que operaba bajo la tutela de la Comisi\u00f3n de Defensa del Frente Interno. Una militancia sui generis y de m\u00e1xima discreci\u00f3n de la que ni siquiera se lleg\u00f3 a enterar su familia. En esa tarea, milit\u00f3 en el mismo equipo que comandaba \u00abM\u00e1ximo\u00bb, el alegre alumno de medicina que ella conoci\u00f3 antes como Ricardo Pincheira.<br \/><br \/>El 11 de septiembre Carolina estuvo temprano en el Hospital Barros Luco, cumpliendo con la tarea que le hab\u00eda sido asignada. El antiguo recinto asistencial atend\u00eda a una amplia poblaci\u00f3n de escasos recursos, principalmente de San Miguel, pero ese martes, adem\u00e1s, en sus pabellones y patios hab\u00eda militantes que cumpl\u00edan un rol de apoyo y retaguardia de los combatientes que encabezaban la resistencia en el sector de La Legua y de las industrias colindantes, apenas a unas cuadras de all\u00ed. Nerviosa y corriendo por los pasillos del viejo hospital, Carolina esperaba la llegada de sus compa\u00f1eros, al tiempo que con desaz\u00f3n comprobaba que entre los trabajadores del Barros Luco cund\u00eda el temor y que muy pocos de ellos se manifestaban dispuestos al combate. En su interior, no los culpaba, ya se sab\u00eda que el enfrentamiento era absolutamente desigual y las radios que a\u00fan no hab\u00edan sido silenciadas informaban sobre el total copamiento de Santiago por parte de los golpistas.<br \/><br \/>Pronto lleg\u00f3 un veh\u00edculo acompa\u00f1ando a \u00d3scar Landarretche, que ven\u00eda con algo de armamento que acababan de retirar desde la residencia presidencial de Tom\u00e1s Moro. Desconectados moment\u00e1neamente del grupo que combat\u00eda en La Legua y sin encontrar apoyo entre los funcionarios del hospital, \u00abEusebio\u00bb -jefe directo de Carolina en el P5- evalu\u00f3 r\u00e1pidamente la situaci\u00f3n y orden\u00f3 el repliegue del grupo a una casa de seguridad. Carolina protest\u00f3 en\u00e9rgicamente, en su opini\u00f3n hab\u00eda que combatir, con o sin el apoyo de los trabajadores. El sue\u00f1o de un Chile socialista se desmoronaba y Carolina, desesperada, no pod\u00eda entender la orden de su compa\u00f1ero. Ya en el veh\u00edculo \u2013que enrumb\u00f3 a toda velocidad hacia Macul- Carolina, con los ojos llorosos y en silencio, pudo ver a cientos de obreros y trabajadores que asustados regresaban a pi\u00e9 a sus hogares.<br \/><br \/>Luego del golpe, vino la dura subsistencia despu\u00e9s de la razzia que barri\u00f3 con todos los funcionarios de la administraci\u00f3n p\u00fablica sospechosos de ser partidarios de la Unidad Popular. Tras su exoneraci\u00f3n de la JUNJI, la situaci\u00f3n econ\u00f3mica se le torn\u00f3 cuesta arriba, lo que la oblig\u00f3 a inventar distintas alternativas de autoempleo: desde la venta de huevos y ropa interior, hasta la confecci\u00f3n de tejidos y bordados hechos a mano. En una carta fechada en marzo de 1975, dirigida a una de sus hermanas, Carolina reconoce su estado de \u00e1nimo y la importancia de su hija y de un sobrino en esos d\u00edas aciagos:\u00a0<br \/><br \/>\u00abEstoy realmente cansada, de todo, del alma, del cuerpo. A veces, el cuerpo me pesa tanto que no quisiera darle orden de que ande. Pero el ni\u00f1o y la Paulita me han ayudado enormemente. Por un lado me distraen, hacen que les dedique tiempo, claro que con este cansancio eterno que llev\u00f3, con el cansancio de un siglo que me han hecho llevar. De plata, casi nada, pero siempre arregl\u00e1ndomelas: estoy de secre en una consulta, pero el alza de las cosas es tan grande que de los pichintunes de uno y otro lado nos alcanza ya casi apenas. Pero t\u00fa sabes que tu hermana tozuda y porfiada siempre va a salir adelante. Y el sol lo tengo, ahora se me alej\u00f3 un poquito, pero a\u00fan tengo su calor\u00bb.<br \/><br \/>La consulta a la que alud\u00eda en su carta era la que la doctora Gilda Gnecco hab\u00eda instalado en el departamento de unas psic\u00f3logas amigas en avenida Providencia con Antonio Varas. Despu\u00e9s de un a\u00f1o de cesant\u00eda, Gilda instal\u00f3 un centro de pediatr\u00eda en donde Carolina oficiaba de secretaria. Durante un buen tiempo se atendi\u00f3 de modo casi exclusivo a hijos de los presos pol\u00edticos y v\u00edctimas de la represi\u00f3n, cuyos padres muchas veces no ten\u00edan forma de pagar. A\u00fan as\u00ed, Gilda, que sab\u00eda que Carolina estaba colaborando en la resistencia, decidi\u00f3 repartir los ingresos en tres partes iguales: una para ella, otra para Carolina y la \u00faltima para los requerimientos de quienes combat\u00edan desde las sombras.<br \/><br \/>Carolina colaboraba desde noviembre de 1973 en la reorganizaci\u00f3n del PS, bajo las \u00f3rdenes de Carlos Lorca y Ariel Mancilla. Una de sus m\u00e1s importantes tareas, precisamente, se la encomend\u00f3 Mancilla, que oficiaba como responsable de la Unidad de Log\u00edstica del Comit\u00e9 Central. Su misi\u00f3n fue conseguir una casa en donde instalar una lavander\u00eda, que al tiempo que generaba algunos recursos, servir\u00eda como lugar de reuniones para los dirigentes de la Comisi\u00f3n Pol\u00edtica en la clandestinidad. Carolina consigui\u00f3 que una asistente social amiga \u2013autoexiliada en Mendoza y que tambi\u00e9n hab\u00eda trabajado en el Centro Ismael Vald\u00e9s- le prestara la suya. Esa casa estaba en Gutemberg N\u00ba 78, a los pies del Cerro San Crist\u00f3bal, y ten\u00eda una gran ventaja: aparte de su acceso principal, se pod\u00eda llegar por una discreta puerta trasera que daba al cerro. Precisamente por all\u00ed sol\u00edan aparecer Exequiel Ponce y otros dirigentes para sus reuniones o contactos.<br \/><br \/>Gilda Gnecco recuerda que, en una ocasi\u00f3n, Carolina le pidi\u00f3 atender a un compa\u00f1ero enfermo, como ya lo hab\u00eda hecho en m\u00e1s de una oportunidad. En el departamento de la joven asistente social, Gilda reconoci\u00f3 al paciente, que ten\u00eda semi-infectadas unas heridas en sus piernas y una delgadez que la impresion\u00f3: Era \u00abSebasti\u00e1n\u00bb (Carlos Lorca), a quien conoci\u00f3 meses antes cuando su hermano, Italo Gnecco \u2013detenido, torturado y luego liberado desde la prisi\u00f3n de lsla Teja en Valdivia\u2013, le inform\u00f3 a Lorca y a Carolina sobre la situaci\u00f3n de otros compa\u00f1eros a\u00fan detenidos y la identidad de quienes los hab\u00edan delatado.<br \/><br \/>El 20 de junio de 1975, Francisco Mouat (alias Arturo) fue convocado a una cita urgente con Exequiel Ponce. La reuni\u00f3n se hizo en \u00abla casa de las palmeras\u00bb, una residencia en la calle Wenceslao S\u00e1nchez, en las inmediaciones de la ex Universidad T\u00e9cnica del Estado. A la hora convenida, Mouat convers\u00f3 brevemente con Ponce, quien le plante\u00f3 que a partir de ese momento empezar\u00eda un fuerte apriete represivo en contra de los equipos que trabajaban en la rearticulaci\u00f3n del PS. Ponce le inform\u00f3 que el s\u00e1bado anterior hab\u00eda sido detenido uno de los militantes que oficiaba de enlace entre \u00e9l y Ricardo Lagos Salinas, y que en un chequeo posterior hecho a la casa de Lagos en Las Rejas, aparec\u00eda con evidentes se\u00f1as de haber sido allanada.<br \/><br \/>La situaci\u00f3n se tornaba dram\u00e1tica y era necesario extremar las medidas de seguridad. D\u00edas despu\u00e9s de ese inquietante encuentro con Ponce, Carolina Wiff llam\u00f3 a \u00abArturo\u00bb para pedirle que le consiguiera los vinilos con los himnos del Partido y de la Juventud. Al parecer, Carolina estaba montando un mensaje de la Direcci\u00f3n del Partido en el interior que se enviar\u00eda fuera del pa\u00eds. Mouat se comprometi\u00f3 a responderle dos d\u00edas m\u00e1s tarde. El 25 de junio, la llam\u00f3 a su departamento y la mujer que trabajaba en casa de Carolina le coment\u00f3 que ella no estaba. La llam\u00f3 m\u00e1s tarde a la consulta m\u00e9dica, pero all\u00ed tampoco se encontraba. Intrigado, Francisco se acerc\u00f3 a chequear el departamento donde viv\u00eda Carolina, en Rodrigo de Araya con Macul. No le cost\u00f3 demasiado advertir el operativo que la DINA montaba en los accesos al edificio. Para confirmarlo, se alej\u00f3 un par de cuadras y llam\u00f3 desde un tel\u00e9fono p\u00fablico. Una voz masculina respondi\u00f3 al otro lado del auricular. Mouat dio otro nombre, y dijo que era un cliente que deb\u00eda recoger una ropa. El agente de la DINA, con una poco convincente amabilidad, le dijo que pasara a recoger su ropa sin problemas. La ratonera se hab\u00eda activado.<br \/><br \/>Confirmada la ratonera, Mouat se dirigi\u00f3 hasta el edificio de Providencia con Antonio Varas, en donde trabajaba Carolina. El acceso al edificio estaba \u00abcubierto\u00bb por una pareja de pololos apoyados en una moto, a todas luces efectivos de la DINA. Arm\u00e1ndose de valor, subi\u00f3 un par de pisos y enrumb\u00f3 al pasillo en donde estaba la consulta m\u00e9dica. En el descanso de la escala y justo en la puerta de la consulta hab\u00eda dos hombres apostados de punto fijo. \u00abArturo\u00bb simul\u00f3 buscar otro departamento, se devolvi\u00f3 sobre sus pasos y se ech\u00f3 a correr escalera abajo. En fracci\u00f3n de segundos, los hombres que cubr\u00edan el pasillo dieron la voz de alerta, grit\u00e1ndole al agente de la moto que le cortara el paso al que hu\u00eda.\u00a0<br \/><br \/>D\u00edas m\u00e1s tarde, Mouat logr\u00f3 retomar el contacto con \u00abGino\u00bb (nombre pol\u00edtico de Luis Cuvertino, actual alcalde de Lanco) otro de los colaboradores de la Direcci\u00f3n Interior. Este le coment\u00f3, apesadumbrado, que hac\u00eda apenas unos d\u00edas, Radio Mosc\u00fa hab\u00eda dado la noticia de la captura de varios dirigentes y ayudistas del Comit\u00e9 Central del Partido Socialista en la clandestinidad, entre ellos, la asistente social Carolina Wiff.<br \/><br \/>Apenas unos d\u00edas antes de su detenci\u00f3n, Carolina lleg\u00f3 como otras veces hasta la casa de Gilda Gnecco y le dijo, \u00abgringa, te traje un regalo\u00bb. Sorprendida, la joven doctora recibi\u00f3 una caja de madera de cedro del L\u00edbano y una peque\u00f1a mu\u00f1equita h\u00fangara sentada en un diminuto columpio. Ese d\u00eda no era ni su cumplea\u00f1os ni su santo. Intrigada, pregunt\u00f3 a su amiga la raz\u00f3n de ese obsequio. La respuesta de Carolina la desconcert\u00f3: \u00absolo quer\u00eda que tuvieras algo m\u00edo, algo personal, un lindo y sencillo recuerdo de esta loca que te quiere\u00bb. Con el tiempo, Gilda repas\u00f3 una y mil veces ese momento y hasta hoy se lamenta por no haberle preguntado qu\u00e9 era exactamente lo que pasaba. \u00abLa gringa\u00bb recuerda que por esos d\u00edas varios miembros del Comit\u00e9 Central del PS hab\u00edan sido detenidos y que tal vez su amiga intu\u00eda que ya se acercaban a ella.<br \/><br \/>Efectivamente, Carolina fue detenida el 25 de junio de 1975, mientras acompa\u00f1aba a Lorca a una reuni\u00f3n en una casa de seguridad en Maule N\u00ba 130. Al momento de su secuestro, ten\u00eda 34 a\u00f1os de edad. Por su vida se presentaron m\u00faltiples recursos de amparo provenientes del extranjero. Uno de ellos fue patrocinado por personalidades francesas, como el Cardenal Primado de Francia y el entonces senador Francois Mitterrand. La dictadura siempre neg\u00f3 que la joven asistente social estuviera detenida, y a trav\u00e9s de sus voceros de turno esgrimi\u00f3 \u2013como en tantos otros casos- que \u00ablos subversivos suelen abandonar el pa\u00eds de manera clandestina y con identidades falsas. Quiz\u00e1s sea el caso de la referida Modesta Carolina Wiff\u00bb.<br \/><br \/>Gilda Gnecco recuerda que \u00abnos convers\u00e1bamos todo y a\u00fan yo le sigo conversando, aunque no me pueda responder. Le converso a su retrato en mi sala de estar; a veces la reto por haberme dejado sola, por no terminar conversaciones pendientes. Le converso siempre cada vez que hay elecciones, en que voto siempre en voz alta y en su nombre. Nos hab\u00edamos prometido caminar, correr, gritar y emborracharnos juntas cuando cayera la dictadura. Ese 5 de octubre de 1988, luego del triunfo del NO, en medio de las anchas alamedas por donde ella so\u00f1\u00f3 que m\u00e1s temprano que tarde pasar\u00eda el hombre libre caminando, fui yo quien lo hizo en su nombre, en medio de la muchedumbre jubilosa. Sola, camin\u00e9 junto a miles y llor\u00e9 su ausencia y grit\u00e9 su nombre\u00bb.<br \/><br \/>Seg\u00fan \u00abLa gringa\u00bb, Carolina \u00abno dud\u00f3 en arriesgar su vida por sus ideales, por construir un pa\u00eds libre y solidario, en el que su hija, mis hijos y los hijos de mucha gente pudiesen vivir y cumplir sus sue\u00f1os. Sue\u00f1os de justicia social, de solidaridad, de paz y de muchas otras cosas que se encarnaban en ella\u00bb.<br \/><br \/><strong>Carolina Wiff contin\u00faa desaparecida. Gilda Gnecco, en las elecciones municipales del 26 de octubre, una vez m\u00e1s vot\u00f3 en su nombre.<\/strong><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El orgullo militante de una asistente social Naci\u00f3 en San Javier de Loncomilla y era la segunda de cinco hermanas. Modesta Carolina Wiff Sep\u00falveda en 1945 inici\u00f3 sus estudios en la Escuela Espa\u00f1a de la cercana localidad de Villa Alegre. 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