{"id":457,"date":"2021-09-08T15:52:20","date_gmt":"2021-09-08T19:52:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/?p=457"},"modified":"2021-10-05T11:13:10","modified_gmt":"2021-10-05T15:13:10","slug":"rafael-madrid-galvez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/rafael-madrid-galvez\/","title":{"rendered":"Rafael Madrid Galvez"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Naci\u00f3 el 3 de marzo de 1950, en el seno de una familia modesta afincada desde siempre en los viejos barrios de Quinta Normal.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Curs\u00f3 sus estudios primarios en la Escuela B\u00e1sica N\u00ba 3, ubicada en Mapocho, para luego seguir sus estudios secundarios en el Liceo de Hombres N\u00ba 9 (actual Liceo A 78), tambi\u00e9n de Quinta Normal, donde destac\u00f3 como vicepresidente de su centro de alumnos. En ese rol, recuerdan sus ex compa\u00f1eros, su \u00e9nfasis estuvo puesto en las reivindicaciones estudiantiles y en una constante lucha por modificar las pol\u00edticas reaccionarias y conservadoras que se implementaron en la educaci\u00f3n chilena.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Hincha de Colo Colo, sol\u00eda llevar a Sergio, su hermano menor, a disfrutar de los partidos en el Estadio Nacional, sobre todo a los cl\u00e1sicos cuando el elenco albo enfrentaba a la Universidad de Chile o cuando le correspond\u00eda jugar por alg\u00fan campeonato m\u00e1s importante, como la Copa Libertadores de Am\u00e9rica.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4><strong>Dirigente liceano y en la UTE<\/strong><\/h4>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>En su rol como dirigente liceano, y en las tareas culturales y sociales de su barrio, Rafael se fue acercando a la izquierda, generando en \u00e9l una fuerte y prematura conciencia social, que lo llev\u00f3 a definirse pol\u00edticamente por el Partido Socialista, al que ingres\u00f3 a mediados del a\u00f1o 1969. En las filas del Partido y de la Juventud, Rafael pronto comenz\u00f3 a destacar por su activa participaci\u00f3n en congresos, conferencias y actividades de masas, sobre todo en temas de car\u00e1cter organizativo, que fue su sello distintivo al interior del socialismo, lo que lo llev\u00f3 a protagonizar la formaci\u00f3n de m\u00faltiples n\u00facleos en diversos sectores de Quinta Normal.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Al finalizar su ense\u00f1anza media, en 1970, ingresa a la Universidad T\u00e9cnica del Estado (UTE), matricul\u00e1ndose en la carrera de Pedagog\u00eda en Castellano, donde una vez m\u00e1s destaca como dirigente estudiantil, en su calidad de vicepresidente del centro de alumnos de Castellano (que fue presidido por el joven comunista Osiel N\u00fa\u00f1ez).<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<figure id=\"attachment_599\" aria-describedby=\"caption-attachment-599\" style=\"width: 236px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-599 size-medium\" src=\"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/rafaelmadrid-236x300.png\" alt=\"\" width=\"236\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/rafaelmadrid-236x300.png 236w, https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/rafaelmadrid.png 274w\" sizes=\"(max-width: 236px) 100vw, 236px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-599\" class=\"wp-caption-text\">Rafael Madrid Galvez.<\/figcaption><\/figure>\r\n<p>Ya en esa \u00e9poca comenz\u00f3 su carrera laboral como profesor, haciendo clases de castellano y de otra materias a los ni\u00f1os de la Escuela B\u00e1sica \u201cElvira Santa Cruz\u201d de Quinta Normal, entregando valores como la solidaridad y el respeto a sus educandos, vocaci\u00f3n que le hizo ser muy querido por sus alumnos, apoderados y colegas de esa peque\u00f1a escuela. Su vocaci\u00f3n pedag\u00f3gica tambi\u00e9n la despleg\u00f3 haciendo clases a pobladores y ni\u00f1os del Campamento \u201cChe Guevara\u201d (hoy Poblaci\u00f3n Santa Anita de Lo Prado), en el sector conocido como Barrancas, clases que se hac\u00edan en destartalados buses estacionados en ese campamento, a manera de improvisadas aulas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>El 3 de octubre de 1973, a pocos d\u00edas del golpe militar, Rafael -que se hab\u00eda negado a asilarse y a salir del pa\u00eds- fue detenido por efectivos militares fuertemente armados desde el domicilio de un familiar, a cuadras de su hogar. La patrulla que lo detuvo -en compa\u00f1\u00eda de Gast\u00f3n Gonz\u00e1lez, otro militante socialista intensamente buscado- la compon\u00edan efectivos del Regimiento Guardia Vieja de Los Andes, unidad que asumi\u00f3 el control militar de la zona de Quinta Normal y de Barrancas, y que operaban desde el Internado Nacional Barros Arana y del propio parque Quinta Normal, donde instalaron sus cuarteles de campa\u00f1a.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Rafael y Gast\u00f3n fueron trasladados a la 12\u00aa Comisar\u00eda de Carabineros y luego a la Casa de la Cultura de Pudahuel (Barrancas), donde coincidieron con otros cuatro militantes socialistas y uno del MIR all\u00ed detenidos (Carlos Ibarra, Exequiel Contreras, Jos\u00e9 El\u00edas N\u00fa\u00f1ez y Alberto Soto, respectivamente), los que ser\u00e1n asesinados el 9 de octubre en Pudahuel.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Rafael y su compa\u00f1ero, en tanto, son intensamente interrogados en la Casa de la Cultura de Pudahuel, para ser nuevamente trasladados en la madrugada del d\u00eda 4 de Octubre a la carretera en el sector del Tunel Lo Prado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Testimonios recibidos se\u00f1alan que en este lugar fueron obligados a correr, con el objeto de simular una fuga y les dispararon, quedando ambos heridos. Efectivos de Carabineros que llegaron al lugar encontraron que s\u00f3lo Rafael Madrid estaba muerto y el otro muy mal herido, traslad\u00e1ndolo a la Posta Tres.<\/p>\r\n<p><strong>Al momento de su asesinato, Rafael ten\u00eda\u00a0 23 a\u00f1os de edad.<\/strong><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3><br \/><strong>Bachilleres en f\u00fatbol (semblanza de Rafael Madrid)<\/strong><\/h3>\r\n<blockquote>\r\n<p>Hubo un momento de pesado silencio, el cielo nocturno mostraba sus primeros luceros hacia el poniente, sobre el largo muro de adobe del patio del restor\u00e1n del barrio, los rostros tensos esperaron tal vez con la esperanza de que esta vez perdiera. \u00a1Cremaschi, Atilio Cremaschi del Audaz Sportivo Italiano! Un murmullo algo rencoroso, se elev\u00f3 entre parte del grupo de competidores, \u00ab\u00a1\u00e9ste le achunta siempre!. Con \u00abS\u00bb, con \u00abS\u00bb propuso otro desafiante; \u00a1Leonel S\u00e1nchez de la Chile!, grit\u00f3 el Lulo de la esquina.<\/p>\r\n<p>\u00abNo, ya lo dijimos. No vale&#8230;\u00bb Si las miradas mataran hubi\u00e9ramos tenido un funeral al d\u00eda siguiente. Tranquilo, con esa leve iron\u00eda de quien est\u00e1 muy seguro de lo que sabe y secretamente muy contento de la derrota de su adversario, con una sonrisa levemente conmiserativa, el Rafa daba otra oportunidad a sus contendores: a ver&#8230;dijo, con M pero de la Selecci\u00f3n de Chile&#8230;<\/p>\r\n<p>As\u00ed terminaban muchos de nuestros d\u00edas de pichangas despu\u00e9s de horas de un interminable partido de f\u00fatbol muchas veces con pelota de trapo, que iba cambiando sus jugadores en la medida que estos se cansaban, o los llamaban a tomar once, o a ir a comprar al almac\u00e9n de la se\u00f1ora Marta, o por \u00faltimo a comer. La noche terminaba con los \u00faltimos arrestos deportivos de la jornada y como a\u00fan a nadie lo llamaban a acostarse, comenzaba el bachillerato del f\u00fatbol en la puerta de la casa de Rafa al lado de la nuestra.<\/p>\r\n<p>Rafa y mi hermano mayor eran los c\u00e1pitos de esta prueba de sapiencia deportiva y sol\u00edan ganarle a todos pero yo recuerdo especialmente a nuestro vecino, por ese aire maduro como de viejo chico que sin ninguna prepotencia, mostraba ya los atisbos de una mente r\u00e1pida, un maduro equilibrio y sentido del humor bonach\u00f3n raro para su edad de no m\u00e1s de 11 a\u00f1os.<\/p>\r\n<p>Yo me sentaba en la vereda al costado del umbral de su casa con la espalda apoyada al muro color verde nilo con el Queco su hermanito chico el que hab\u00eda nacido con los deditos de la mano pegados y a veces por curiosidad y la ternura que me inspiraba, lo ten\u00eda de la mano y sentado en mis rodillas mientras escuch\u00e1bamos el duelo enciclopedista de nuestros hermanos mayores con los otro grandes del f\u00fatbol de nuestra cuadra y sus inmediaciones.<\/p>\r\n<p>En las tardes, cuando el sol permit\u00eda jugar a la pelota; entre las nubes de tierra que se levantaban, Rafa, mi hermano, el Nelson, Pancho del lado del almac\u00e9n de don Domingo y Ca\u00f1oncito, de la calle Alejandro Fierro se luc\u00edan con jugadas triunfales. Yo siempre jugu\u00e9 pa\u00b4l Rafa; cuando el sorteo por pisacordones ya no dejaba m\u00e1s estrellas deportivas, el Rafa me eleg\u00eda para su equipo as\u00ed que sol\u00edamos correr la misma suerte, en el triunfo y la derrota.<\/p>\r\n<p>M\u00e1s de una jornada de agosto o septiembre, esperando poder atrapar volantines cortados arriba del techo, nos sent\u00e1bamos con mi hermano a caballito en la cadeneta musgosa del muro medianero de nuestra casa, muy alto y Queco corr\u00eda por el patio feliz de vernos all\u00e1 arriba encaramados y as\u00ed pod\u00edamos conversar con el Rafa tambi\u00e9n antes de que nos dejaran salir a jugar a la calle por un nuevo d\u00eda.<\/p>\r\n<p>Si yo necesitaba unos clavos para hacerme alg\u00fan juguete de palo, golpeaba la puerta de Rafa y aparec\u00eda por el pasillo transparent\u00e1ndose en el cristal labrado a franjas de la mampara, la silueta querida de la se\u00f1ora Luzmira, su mam\u00e1, cortada en m\u00faltiples estr\u00edas de diamante, siempre cari\u00f1osa, chiquita y robusta con un dulce, \u00ab\u00bfqu\u00e9 quer\u00eds, mijito?\u00bb<\/p>\r\n<p>Desde dentro del pasillo muchas veces aparec\u00eda Rafa detr\u00e1s de la espalda de su Mam\u00e1, ella se secaba las manos en la pintora y le restregaba el pelo oscuro y rizado con tierna camarader\u00eda y un dejo de orgullo materno por ese tranquilo y buen hijo mayor. Mientras la se\u00f1ora Luzmira iba a buscar el suministro solicitado ese d\u00eda, Rafa me preguntaba en qu\u00e9 andaba y yo le expon\u00eda mi proyecto.<\/p>\r\n<p>El siempre escuchaba con mucho respeto y su opini\u00f3n era muy importante para m\u00ed como ten\u00eda que serlo la de alguien que se sab\u00eda al dedillo los nombres de todos los jugadores de f\u00fatbol de Chile y que siempre estaba al tanto de las tallas de Residencial La Pichanga; y que adem\u00e1s intercedi\u00f3 junto con la se\u00f1ora Luzmira para que mis pap\u00e1s me dieran permiso para ir por primera vez en mi vida al Estadio Nacional. Todo nuestro barrio casi era del Colo-Colo, as\u00ed que recuerdo una tarde de Domingo hermosa, tomar dos micros s\u00f3lo para llegar al estadio y&#8230;.perdimos 4 a 2 ante la Chile. Recuerdo la entereza de Rafa ante la tragedia y el interminable viaje de regreso a nuestro Quinta Normal en ese atardecer doloroso, creo que si no llor\u00e9, en gran medida, influy\u00f3 la presencia de \u00e1nimo de Rafa, el hecho de que no nos echara tallas pesadas a los m\u00e1s chicos que ya hac\u00edamos pucheros y el no querer defraudar su muestra de confianza en m\u00ed al considerarme digno de ir al estadio como un cabro grande. Otros derrotados fueron m\u00e1s sinceros y la lloraron de frent\u00f3n.<\/p>\r\n<p>Rafa estudi\u00f3 en el Liceo 9 por all\u00e1 por el Pol\u00edgono que para m\u00ed era un lugar casi m\u00edtico e inalcanzable, San Pablo abajo y donde acampaban los gitanos a los que les ten\u00edamos miedo por lo que de esos pobres n\u00f3mades se contaba, lo que lo hizo a\u00fan m\u00e1s temible y legendario como una especie de ignota frontera prohibida a los susceptibles de secuestro. Pero Rafa, s\u00ed lo conoc\u00eda e iba y volv\u00eda s\u00f3lo, a salvo y eso era otro punto a su favor. Rafa era bajito, de paso r\u00e1pido y en\u00e9rgico que lo hac\u00eda aparecer m\u00e1s alto de lo que en realidad era. Tal era la energ\u00eda y serena seguridad en s\u00ed mismo que viv\u00eda en \u00e9l , probablemente eso lo hac\u00eda tan imperceptiblemente protector y camarada. Imitaba muy bien al Gabito Videla, el c\u00f3mico personaje de Deportes la Serena de Residencial La Pichanga, uno de nuestros imperdibles programas de radio de entonces; su voz era siempre algo af\u00f3nica con un muy leve gangoseo como si se fuera a resfriar. Su rostro era anchito as\u00ed como los jarros chicos de cerveza, de tez morena clara y de ojos grandes y con una mirada que parec\u00eda siempre estar en la primera baldosa de la risa. Algo de un humor sard\u00f3nico chispeaba en sus ojos a la menor provocaci\u00f3n.<\/p>\r\n<p>Cuando cumpl\u00ed doce a\u00f1os nos cambiamos de casa. Nos fuimos a la Villa Portales, un mundo diferente y moderno a pocas cuadras de nuestro arrabalero barrio antiguo que sigui\u00f3 all\u00ed con su vida lenta y provinciana, impregnado con el dulce aroma del adobe y de los sacos de carb\u00f3n de los almacenes de las esquinas de Alc\u00e9rreca, con su atm\u00f3sfera tan de tango y sus f\u00e1bricas que exhalaban al atardecer hombres de mameluco azul con viandas de aluminio para el almuerzo, colgando del fierro travesa\u00f1o de sus grandes y oscuras bicicletas. Barrio de calles de tierra con contadas acacias de follaje gris\u00e1ceo y esa \u00fanica ampolleta en el poste de la esquina frente al port\u00f3n de la casa de los Negros que alumbraba pobremente el forzosamente breve alargue nocturno de nuestras pichangas eternas y recurrentes.<\/p>\r\n<p>Ya no volvimos a ir con Rafa y los amigos mayores a mirar los afiches al cine Maipo de 4 pel\u00edculas el domingo y al Alhambra, de s\u00f3lo dos, m\u00e1s decente y con confiter\u00eda, que estaba al frente en esa movida esquina de San Pablo con Robles, donde al dar la luz verde el sem\u00e1foro, part\u00eda tremolando roncamente el Carrito del Ferrocarril Oeste, el \u00faltimo tranv\u00eda de Chile en su lento viaje del Pol\u00edgono hasta Matucana. Con toda la patota de chiquillos, nos trep\u00e1bamos al carro por la puerta de atr\u00e1s y nos \u00edbamos colgando con todo lo posible del cuerpo al aire hasta donde pudi\u00e9ramos llegar antes de que viniera el inspector a intentar echarnos abajo a cachetadas. Nunca llegamos a la calle Barbosa, a lo m\u00e1s hasta nuestra propia Alc\u00e9rreca y ya no volvimos a caminar las dos cuadras desde San Pablo hacia Mapocho cont\u00e1ndonos lo heroicos que hab\u00edamos sido o qui\u00e9n pudo esquivar por m\u00e1s tiempo al inspector antes de tener que saltar del carro a la polvorienta vereda.<\/p>\r\n<p>En los a\u00f1os que siguieron veloces, nos vimos pocas veces con Rafa. Apenas, en espor\u00e1dicas visitas que hice al viejo barrio. Lo recuerdo de entonces acompa\u00f1\u00e1ndome hasta San Pablo, conversando ahora de igual a igual incluso yo ahora era m\u00e1s alto que \u00e9l, e \u00edntimamente saboreaba esta atenci\u00f3n que me dispensaba el admirado viejo crack de mi barrio natal, trat\u00e1ndome como a un igual, conversando de temas importantes, fum\u00e1ndonos un cigarro solidario, por lo general compartido.<\/p>\r\n<p>Nos desped\u00edamos frente a la panader\u00eda \u00abEscudo de Chile\u00bb y yo enfilaba hacia el recinto de la Armada por donde a todos los vecinos nos permit\u00edan pasar para acortar camino, frente a los bellos jardines de las casas de los oficiales, escuchando los grillos y respirando el grato aire crepuscular, llevaba conmigo a\u00fan antes de pasar sobre el rumoroso canal desde donde ya se divisaba la Villa Portales, mi nuevo mundo. La sensaci\u00f3n tibia de esa reciente cercan\u00eda con Rafa, el amigo mayor que siempre se interesaba por saber de mis hermanos y les mandaba saludos a ellos y a mis padres. Era un viejo chico, un hombre en la adolescencia pero ya, sabio como el que m\u00e1s y a quien nunca hab\u00eda escuchado hablar mal de nadie, ni siquiera como es tan com\u00fan en los ni\u00f1os, una burla cruel contra otro. En el fondo siempre hab\u00eda sido un modelo para m\u00ed; como el personaje que yo hubiera querido ser, por su trato con los dem\u00e1s ni\u00f1os, con Queco su hermano chico, con sus Padres. Siempre eman\u00f3 de \u00e9l un precoz y madura virilidad y una bonhom\u00eda y rectitud que no merec\u00eda duda. Cruzando la avenida Portales y entrando a la Villa Portales, el recuerdo de Rafa se quedaba all\u00e1 del otro lado de la Quinta Normal, guardadito por ah\u00ed en uno de esos cajones con aroma de madera en el ropero fresco de la memoria hasta el pr\u00f3ximo encuentro cuando me mandaran mis viejos a Alc\u00e9rreca nuevamente a buscar la plata del arriendo que a veces tardaba m\u00e1s de lo pactado.<\/p>\r\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s del once de Septiembre de 1973, en la esquina de Av. Portales con Chacabuco, subi\u00f3 Rafa a la micro en que yo viajaba. Me par\u00e9 casi de un salto para saludarlo, tanta era la impresi\u00f3n de verlo por esos rumbos en los que nunca nos hab\u00edamos encontrado, nos dimos un gran abrazo, apretado, lleno de emoci\u00f3n, as\u00ed me hab\u00eda sucedido con algunos amigos de izquierda al reencontrarlos despu\u00e9s de esta fecha por la alegr\u00eda de saberlos vivos. Sin mayores palabras nos fuimos hasta el fondo donde iban muy pocos pasajeros y, atropelladamente nos contamos en voz baja todo lo que pudimos sobre nuestras vidas por los recientes sucesos en las escasas cuadras que viajamos juntos, pues Rafa se bajaba por ah\u00ed por Compa\u00f1\u00eda con Esperanza, o sea no estuvimos juntos m\u00e1s que el trayecto de unas siete cuadras pero esa conversaci\u00f3n fue inolvidable para m\u00ed.<\/p>\r\n<p>La ma\u00f1ana del Once, Rafa y yo hab\u00edamos estado en el mismo lugar sin saberlo, ambos por instrucciones de nuestros diferentes partidos, para defender el Gobierno Popular. Escuchamos por los altoparlantes de la Universidad T\u00e9cnica del Estado, la emisi\u00f3n de Radio Magallanes que tocaba m\u00fasica de los Quila y V\u00edctor Jara para dar confianza a los que est\u00e1bamos con el gobierno, el \u00faltimo discurso del Presidente Allende con sus vibrantes palabras, fue la nota grave en esa ma\u00f1ana gris, vivimos el nerviosismo de la expectativa por los acontecimientos que se nos ven\u00edan encima; desde dentro del campus se ve\u00eda c\u00f3mo los militares tomaban posiciones con sus nidos de ametralladoras frente a nosotros pero nada denotaba lo que realmente iba a suceder.<\/p>\r\n<p>El contacto de mi partido al que esper\u00e1bamos cuatro militantes citados all\u00ed para hacer lo que fuera necesario, lleg\u00f3 a las doce del mediod\u00eda como se hab\u00eda convenido. Nos vi\u00f3 y con una se\u00f1a de su cabeza, nos hizo seguirlo a un lugar con menos gente pues el patio del campus estaba lleno de chiquillos y chiquillas que no parec\u00edan concientes de la gravedad de la situaci\u00f3n, m\u00e1s bien, reinaba el ambiente de una pac\u00edfica toma universitaria m\u00e1s, nos habl\u00f3 parco y breve, lo hab\u00edamos esperado bastante rato y el mensaje fue tan lac\u00f3nico, \u00abv\u00e1yanse, cada uno o a su casa, no hay nada que hacer, ll\u00e1menme esta noche a este n\u00famero y ah\u00ed les dir\u00e9 qu\u00e9 hacer\u00bb.<\/p>\r\n<p>Sin a\u00f1adir m\u00e1s nos fuimos de la UTE, cuando \u00edbamos cruzando la avenida Las Sophoras al costado poniente del campus, sentimos el ruido de un avi\u00f3n de guerra, miramos el cielo pues parec\u00eda como en los ensayos de la parada militar, ven\u00eda del norte en picada hacia el centro de Santiago, la explosi\u00f3n de las bombas nos arranc\u00f3 toda palabra. Hab\u00eda comenzado el bombardeo de La Moneda. Empez\u00f3 a lloviznar mientras cruz\u00e1bamos la calle a la salida de la UTE y frente al block 17 de la Villa Portales, frente al campus, nos separamos con mis camaradas y nunca m\u00e1s supe de ellos, ten\u00edamos que apurarnos pues hab\u00eda salido un bando militar que prohib\u00eda transitar despu\u00e9s de la una so pena de ser tomado prisionero. Atr\u00e1s quedaba la UTE, con su chiquiller\u00eda indefensa e inofensiva ya totalmente rodeada por militares listos para el combate.<\/p>\r\n<p>Rafa era uno de tantos de esos j\u00f3venes que se quedaron dentro de la UTE esa ma\u00f1ana sin que nadie los sacara de ah\u00ed. El me cont\u00f3 que cuando empez\u00f3 el ca\u00f1oneo, pasada la una de la tarde, de la Casa Central de la Universidad T\u00e9cnica, el terror de ellos como de todos los que lo escuch\u00e1bamos desde la Villa, fue inmenso pues mayoritariamente, se trataba de muchachas universitarias y eran muy pocos hombres.<\/p>\r\n<p>El grupo en que estaba Rafa, al parecer bastante numeroso, empez\u00f3 a huir de sala en sala dentro de la Casa Central; el campus es muy grande y los militares disparaban desde la calle, as\u00ed que fueron cambiando de refugio sin ser descubiertos hasta la noche en que lograron pasarse a la Escuela de Artes y Oficios y all\u00ed siguieron escondi\u00e9ndose por salas y laboratorios. Rafa me cont\u00f3 que lo incre\u00edble ocurri\u00f3 en alg\u00fan momento en que cerca de las diez de la noche una patrulla militar que cuidaba el alto muro que separa al campus de la avenida Sur los descubri\u00f3 y, compadecidos de tanta chiquiller\u00eda aterrada e inofensiva, y para su sorpresa, los soldados conscriptos, en vez de hacerlos prisioneros, los tranquilizaron y sigilosamente, al amparo de esos inesperados bienhechores de uniforme, el grupo de Rafa, cruz\u00f3 la oscura avenida en peque\u00f1os grupos a breves intervalos y lograron encontrar refugio en muchos departamentos de los bloques de la Villa Portales, al otro lado de la calle, posiblemente la m\u00e1s ancha que hayan cruzado nunca hacia la salvaci\u00f3n. Rafa que no parec\u00eda religioso, me lo defini\u00f3 como un verdadero milagro. Eso tambi\u00e9n creo yo ahora que lo pienso con calma tras todos estos a\u00f1os, incluso me pregunto si habr\u00e1n sido de carne y hueso esos an\u00f3nimos soldados que salvaron a tantos indefensos que nada malo hab\u00edan hecho. El caso es que por esa intervenci\u00f3n solidaria casi milagrosa, pero no del todo imposible, es que nos hab\u00edamos vuelto a encontrar con Rafa en un momento de tanta oscuridad y dolor para nosotros. Rafa me cont\u00f3 finalmente que estaba al menos contento de que no le hubieran hecho nada despu\u00e9s del golpe y que al parecer, le permitir\u00edan seguir sus estudios en la Universidad T\u00e9cnica cuando \u00e9sta reabriera. Rafa estaba a punto de recibirse de profesor de Castellano, y as\u00ed podr\u00eda ayudar a sus padres que ya eran mayores y sin grandes ingresos. Con esta visi\u00f3n de un futuro algo m\u00e1s promisorio, llegamos cerca de la esquina en que deb\u00eda bajarse y nos despedimos calurosamente dese\u00e1ndonos suerte de esa manera tan entra\u00f1able en que uno por esos d\u00edas se desped\u00eda de sus amigos reencontrados.<\/p>\r\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, de nuevo en primavera, al ir llegando a casa de mis padres, de visita, me encontr\u00e9 con Pancho, nuestro antiguo vecino de infancia. Iba acompa\u00f1ando a la hija de los arrendatarios a pagar el arriendo de la casa de mis padres en la calle Alc\u00e9rreca, nuestro viejo barrio. Ella era una linda chica y la conversa al encontrarnos los tres iba por esos derroteros semi formales y semi embarazosos de cuando uno se encuentra a una pareja que no es pero parece que fuera y uno se da cuenta de que tres son demasiados. A falta de temas para seguir la charla, me acord\u00e9 de nuestro com\u00fan amigo Rafa y contento por la posibilidad de saber de \u00e9l a quien imagin\u00e9 en esas visiones instant\u00e1neas que no tienen mayor proceso, ya titulado, todo un maestro, regresando a su casa a la hora de almuerzo, saludando a sus viejos que lo esperaban a la mesa escuchando las noticias en la radio, orgullosos de su hijo profesional, sencillo, optimista y feliz como siempre, y, con el saborcito encantador de esa escena, contento de antemano por saber noticias frescas, les pregunt\u00e9 por \u00e9l. Pancho se complic\u00f3 e inc\u00f3modo mir\u00f3 a la chica con aire un poco incr\u00e9dulo y me dijo, como si me fuera a contar algo escandaloso, \u00ab\u00bfque no sab\u00eds lo que le pas\u00f3 al Rafa?\u00bb Negu\u00e9 con la cabeza sorprendido; sin pausa ni pena sino, como abochornado de tener que contar algo impropio, agreg\u00f3, \u00abdespu\u00e9s del once lo fueron a buscar una noche a su casa y lo mataron de un balazo en la cabeza, a la vuelta de la esquina. No se sabe qui\u00e9nes fueron&#8230;\u00bb<\/p>\r\n<p>Rafa sigui\u00f3 siendo asesinado en mi imaginaci\u00f3n de mil maneras distintas en la esquina ,a la vuelta de nuestras casas en esa noche an\u00f3nima de mil novecientos setenta y tres, durante todos los a\u00f1os que me separaron del instante de esa brutal revelaci\u00f3n. En \u00e9l se encarnaron todos mis muertos, los muertos de nuestra tragedia colectiva. Lo llor\u00e9 de muchas maneras y sent\u00ed el desconsuelo de estar s\u00f3lo ante la pena por su muerte. S\u00f3lo este a\u00f1o, en Enero del 2003, me enter\u00e9 del resto de la verdad. Decid\u00ed narrar la historia de Rafa para el colectivo \u00abLas Historias que podemos contar\u00bb y a fin de estar seguro de algunos datos como su segundo apellido y cosas que el paso del tiempo hubiera podido velar, volv\u00ed a mi viejo barrio de la calle Alc\u00e9rreca en Quinta Normal, Santiago. Iba con el temor de que ya no quedara nadie de la familia de Rafa, es que no hab\u00eda vuelto al barrio desde fines de los ochenta, cuando la nostalgia me llev\u00f3 a \u00e9l, y en un arresto de valor me hizo pasar saludar a los padres de Rafa para darles mi tard\u00eda solidaridad.<\/p>\r\n<p>Esta vez fue una visita diferente. Despu\u00e9s de mucho rato de golpear la puerta, que por primera vez en mi vida ve\u00eda cerrada, cuando ya pens\u00e9 que nadie abrir\u00eda, apareci\u00f3 el rostro querido de la se\u00f1ora Luzmira G\u00e1lvez, la Madre de Rafa, algo envejecido, pero con su bondad de siempre. Con mucho tiento, le fui revelando el motivo de mi visita, tem\u00eda causarle dolor, pero ella en su entereza, se alegr\u00f3 de saber que alguien quer\u00eda relatar algo sobre Rafa en vida, no mencionarlo s\u00f3lo como un nombre de tantos en la lista de los ejecutados pol\u00edticos, sino contar algo de c\u00f3mo era su amado hijo.<\/p>\r\n<p>Yo estaba conmovido con su relato de c\u00f3mo se enteraron de la muerte de Rafa, de su b\u00fasqueda del cad\u00e1ver y de c\u00f3mo lo reconoci\u00f3 apenas en la morgue pues las balas de guerra le hab\u00edan desfigurado por completo el rostro, un diente que le hab\u00eda salido fuera de posici\u00f3n fue la pista m\u00e1s notoria para reconocerlo, yo s\u00f3lo quer\u00eda irme a alg\u00fan rinc\u00f3n solitario para llorar pero ella estaba tan entera que me qued\u00e9 all\u00ed y, tratando de recuperarme de la emoci\u00f3n. Empec\u00e9 entonces a preguntarle al estilo de un reportero por los datos concretos de Rafa de los que yo no estaba seguro, a ella y a Queco, el hijo menor y ahora \u00fanico, que lleg\u00f3 cuando serv\u00edan el almuerzo.<\/p>\r\n<p>Despu\u00e9s de actualizar nuestras respectivas vidas con Queco, en la sobremesa, mientras \u00edbamos revisando los datos de Rafa que ir\u00edan en mi relato, al llegar al punto de la circunstancia de su ejecuci\u00f3n que yo daba por ocurrida en la esquina, Sergio me corrigi\u00f3 como apenado y sorprendido de que yo supiera esa versi\u00f3n. Esa, era la voz que hab\u00edan hecho correr en el barrio los que aplaud\u00edan el golpe, cuando pas\u00f3 el tiempo y Rafa no volv\u00eda a su casa. Los hechos eran muy distintos, s\u00f3lo que el resultado era el mismo.<\/p>\r\n<p>Cuando Rafa supo que no s\u00f3lo no le permitir\u00edan terminar sus estudios, sino que pod\u00edan adem\u00e1s detenerlo por su cargo en el centro de a, y por ser miembro de la Juventud Socialista, decidi\u00f3 esconderse en la casa de una t\u00eda, cerca de all\u00ed, en la misma Quinta Normal; se comunicaba con sus padres por tel\u00e9fono pues pensaba que as\u00ed no los pon\u00eda a ellos en riesgo. Y, como la casa de su t\u00eda era suficientemente grande, alojaron tambi\u00e9n all\u00ed a otro muchacho cuyas circunstancias eran parecidas a las de Rafa. Pasaron algunos d\u00edas en el que cre\u00edan un buen refugio hasta que todo cambi\u00f3 en un atardecer en que el ensordecedor ruido de un helic\u00f3ptero que se detuvo en el cielo a poca altura, y las carreras de los militares que allanaban los hizo prisioneros sin posibilidad de resistir, o escaparse. El vecino de la t\u00eda de Rafa que los denunci\u00f3, sali\u00f3 incluso a ver c\u00f3mo se los llevaban.<\/p>\r\n<p>Lo militares r\u00e1pidamente los subieron a la parte trasera de un cami\u00f3n, los arrojaron al piso y les vendaron los ojos y les amarraron las manos por detr\u00e1s de la espalda y as\u00ed boca abajo, apretados entre muchos otros prisioneros, a los que ellos no pudieron distinguir, entre los barquinazos del pesado veh\u00edculo, viajaron un buen rato sin saber a d\u00f3nde los llevaban ni por qu\u00e9.<\/p>\r\n<p>Ya era de noche por completo cuando el cami\u00f3n se detuvo a la orilla del camino, a los prisioneros los hicieron bajar del cami\u00f3n y una vez todos en tierra, los militares empezaron a arrearlos a culatazos y empujones, cegados, a tropezones, intern\u00e1ndose por un lugar que parec\u00eda campo. Sent\u00edan el aroma de los \u00e1rboles y el canto de los grillos, aparte de eso, un gran silencio. Despu\u00e9s de un buen trecho de caminata, les dieron la voz de alto. A partir de entonces lo \u00fanico que escucharon fueron las r\u00e1fagas de fusiler\u00eda que los acribillaban por la espalda. Los militares remataron pausadamente a los ca\u00eddos y ya convencidos de que todos hab\u00edan muerto, se fueron sin saber que no terminaron del todo su tarea.<\/p>\r\n<p>El muchacho que se hab\u00eda refugiado con Rafa en casa de su t\u00eda, sobrevivi\u00f3 a la matanza con un muslo destrozado por las balas de guerra, al volver a la conciencia, s\u00f3lo entre sus mudos acompa\u00f1antes, pasados los primeros momentos del dolor que le quitaba la respiraci\u00f3n, tratando de sobreponerse al l\u00f3gico terror, se sac\u00f3 la venda, no era mucho lo que su visi\u00f3n nublada por el shock le permit\u00eda distinguir entre la oscuridad pero s\u00ed lo suficiente para darse cuenta de que todos estaban inm\u00f3viles ca\u00eddos como bolsos de viaje que se tiran al suelo para desprenderse de un peso molesto; se arrastr\u00f3 hasta llegar al lado de Rafa que estaba muy cerca de \u00e9l, nuestro amigo estaba tambi\u00e9n boca abajo, parec\u00eda dormido o aturdido<\/p>\r\n<p>El sobreviviente mal herido y tembloroso, lo sacudi\u00f3 tironeando su camisa, le habl\u00f3 en susurros casi al o\u00eddo por si volv\u00edan los militares a rematarlos, \u00abcompadre, compadre&#8230;\u00bb Rafa no contestaba y el muchacho logr\u00f3 voltearlo y dejarlo cara arriba; los ojos de Rafa ya no miraban a nadie; un tiro le hab\u00eda traspasado el cr\u00e1neo y salido por el costado de la frente; cerca de un ojo. Parec\u00eda dormir pero ya nunca despertar\u00eda.<\/p>\r\n<p>El \u00fanico sobreviviente de esta masacre, se arrastr\u00f3 hasta llegar al camino por donde vinieron, pas\u00f3 la noche tirado all\u00ed y al amanecer, vio venir una camioneta, hizo se\u00f1as y all\u00ed comenz\u00f3 su salvaci\u00f3n. Despu\u00e9s de largos a\u00f1os en el exilio, retorn\u00f3 al pa\u00eds y busc\u00f3 a la familia de Rafa para darles su testimonio de lo que sucedi\u00f3 con su hijo y hermano.<\/p>\r\n<p>Rafa querido, viejo chico, capit\u00e1n de nuestro equipo, bachiller en f\u00fatbol, noble camarada, compa\u00f1ero de sue\u00f1os truncos, descansa en paz.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n<p><strong>Testimonio de Jaime Castro Santoro.<\/strong><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Naci\u00f3 el 3 de marzo de 1950, en el seno de una familia modesta afincada desde siempre en los viejos barrios de Quinta Normal. Curs\u00f3 sus estudios primarios en la Escuela B\u00e1sica N\u00ba 3, ubicada en Mapocho, para luego seguir sus estudios secundarios en el Liceo de Hombres N\u00ba 9 (actual Liceo A 78), tambi\u00e9n de Quinta Normal, donde destac\u00f3 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":365,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[21,83,84],"class_list":["post-457","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historias","tag-ps-chile","tag-rafael-madrid-galvez","tag-rafael-madrid-ps-chile"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/457","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=457"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/457\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":600,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/457\/revisions\/600"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/media\/365"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=457"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=457"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pschile.cl\/ddhh\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=457"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}